
Escribió de ella Enrique Franco en este periódico en 1995 que fue "artista madura en plena juventud del mismo modo que conserva frescura en su madurez". Si algo caracterizó a Alicia de Larrocha, esta suprema artista que llevó el repertorio español por todo el mundo, fue justamente eso: haber mantenido una trayectoria sin fisuras, compacta, muy seria. Había nacido para el piano.
Por qué encantaba con su piano a públicos tan diversos? Porque era de un rigor y a la vez de una humildad que te ganaban apenas pisaba el escenario. Ella solía decir que la música no era para verse, sino para escucharse. Sentada ante el gran cola de concierto parecía como una niña perdida en la inmensidad. Pero apenas entraba se convertía en una artista de extraordinaria madurez que no se permitía la más mínima concesión a la galería, ningún gesto de virtuosa, ninguna artificiosidad, nada. Su interpretación parecía natural, como si brotara de la pura lógica de la partitura. Mucho estudio se necesita para lograr esa aparente sencillez.
El País.com 26/09/2009.
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